Teresa Jular abre el Incyde School sobre ecodiseño y emprendimiento

La próxima semana celebramos una nueva edición del Incyde School, esta vez online y abierta al público general. En esta ocasión hablaremos de conciencia y acción hacia la sostenibilidad a través del eco-diseño y el emprendimiento y trabajaremos los factores clave, desde la economía circular, al trabajo de nuevos elementos con material reciclado y ejemplos de iniciativas locales de acción sostenible.

Además de Ignacio Bautista, de CartonLAB, e Iván Rojas y Diana Feliú, de INDIANES, en esta edición también participará Teresa Jular, design thinker, empresaria, divulgadora y presidenta de la Red Española de Asociaciones de Diseño (READ), quien intervendrá en la primera jornada.

¿Quieres conocerla un poquito mejor?

Design thinker, especialista en servicios con base tecnológica, empresaria desde 1998, apasionada del hipertexto, divulgadora del Árbol Estratégico, el Ecocanvas y otras herramientas conectoras del diseño y los negocios”. Así se define Teresa Jular Pérez-Alfaro que, además, acompaña “a personas que quieren emprender en Economía Circular, en busca de un Triple Balance equilibrado”. Una firma reconocida en el diseño, que también se declara firme defensora del asociacionismo, “porque aprender entre iguales, aliarse y compartir es clave para generar riqueza en la Sociedad del Conocimiento”.

En el momento actual, ¿cuáles cree que son las principales oportunidades de negocio y para el emprendimiento en el ecodiseño y la sostenibilidad?

Antes de la pandemia Covid-19 hubiera afirmado que lo que toca es generar empleo, diseñar microempresas y pymes que ofrezcan servicios y creen productos innovadores centrados en las personas, buscando el equilibrio entre la rentabilidad económica, la responsabilidad social y el respeto al planeta.

Que, además de preguntarse qué hacer hay que preguntarse cómo hacerlo. Y con quién. Y que, en este nuevo paradigma productivo que llamamos Economía Circular, concepto que, en mi opinión, mejora el de sostenibilidad, las metodologías que aporta el diseño y el saber hacer de diseñadoras y diseñadores son fundamentales. La capacidad del diseño para identificar el valor de los negocios, tanto nuevos como existentes, para aportarles más cualidades y para comunicar todo ello adecuadamente, hace interesante incorporar diseño a los negocios.

El diseño es una inversión, no un gasto, y es importante incorporarlo desde el momento cero, no dejarlo para el final. La oportunidad está en aprender más sobre ecodiseño, diseño inspirado en la Naturaleza, donde no existe el concepto de residuo, todo se aprovecha, y donde prospera la diversidad, de manera armónica.

Y, ahora, tras el confinamiento vivido para evitar el colapso sanitario, no es que la declaración de arriba quede obsoleta, sino que, a todo lo anterior, se le añade la necesidad de regenerar nuestro país en aspectos económicos y sociales, con replanteamiento de muchísimos servicios. Es de esperar que se cuente para ello con la ayuda de profesionales capaces de aportar innovación y buen diseño.

Vivimos una expansión del sector, que parece reforzar su capacidad para abarcar más campos de actividad. ¿Qué valoraciones hace de este contexto? ¿Qué podemos esperar a corto y medio plazo?

Para un profesional del diseño y de la comunicación del siglo XXI los campos de actividad son… ¡todos! Los que ya tenemos identificados y los que están por venir, ligados a la investigación científica y al desarrollo tecnológico. A las disciplinas clásicas (gráfico, moda, interior y producto o industrial) se le unen las aplicaciones digitales, el diseño de servicios, de la experiencia de usuario, la gestión integral desde el diseño…

Respecto al contexto en el que vivimos y ejercemos, lo veo progresivamente más receptivo a comprender nuestra profesión, su transversalidad, su rol conector, su capacidad de adoptar tecnologías y de comprender los cambios sociales para contribuir a resolver todo tipo de desafíos y plantear innovaciones.

Desde la Unión Europea venimos recibiendo desde hace años las recomendaciones respecto a dar importancia al diseño como palanca de innovación y mejora de la productividad y la calidad de vida de los ciudadanos. En España, aunque lentamente, estamos consiguiendo avances. El sector del diseño, donde incluyo profesionales que ofrecemos servicios de diseño, empresas que los demandan, entidades promotoras, medios de comunicación especializados, y, por supuesto, docentes y estudiantes, estamos construyendo la convergencia necesaria para vertebrarnos como sector. Más lentamente de lo que sería deseable, desde luego, pero soy optimista. Creo que veremos las estrategias desde y para el diseño que estamos demandando.

Ahora bien, un asunto clave en todo esto es la educación. Y mucho me temo que no estamos aún lo bastante comprometidos con las Escuelas de Arte y Diseño y en general con la docencia del diseño como para cantar victoria a corto plazo.

En esta línea: ¿hacia dónde apuntan las nuevas tendencias en el modelo del diseño hacia la sostenibilidad?

Destaco una: como profesionales del diseño, la complejidad de los desafíos que se nos plantean en la actualidad nos lleva a superar el concepto de competencia. No podremos trabajar solos, lo haremos integrados en equipos multidisciplinares, junto a otros especialistas, con el cliente y las personas destinatarias de nuestros servicios.

¿Son hoy inexcusables para el emprendimiento y nuevas líneas de negocio en la economía los nuevos retos socialmente aceptados hacia la sostenibilidad?

En efecto, no podemos seguir contribuyendo a la economía lineal actual, extractiva y contaminante de los recursos naturales, apoyada en el trabajo esclavo de una parte de la humanidad para fomentar un consumo desaforado de la otra parte. No es sostenible: nos falta planeta para tanta materia prima como necesitamos, no hay sitio en él para la gran cantidad de residuos que estamos generando y ya nos estamos dando cuenta de que no somos personas más felices por tener más objetos de consumo y, menos aún, a costa de la infelicidad de otros.

¿Estamos ante un nuevo horizonte de oportunidades? ¿O es algo que debemos considerar como algo ya consolidado con lo que no queda más remedio que lidiar?

La Economía Circular es un cambio de paradigma radical, que solo llegará a ser si la abordamos con decisión desde todos los frentes posibles. No solo afecta a la manera de producir, también implica una transformación de nuestros hábitos de consumo. Es un cambio en la economía y en la cultura, a nivel planetario.

¿Utopía o quimera? Es pronto para saberlo, pero lo que sí sabemos es que está en marcha. Planes para su desarrollo, campañas de sensibilización, oportunidades financieras, casos de éxito de todos los tamaños están ahí ya, en todos los países. Son propuestas concretas del presente. Y debo decir que, en mi trabajo de casi una década acompañando a personas emprendedoras, cuento con los dedos de una mano a quienes se han mostrado indiferentes hacia los impactos sociales y ecológicos concurrentes con la creación de su negocio. No va a ser sencillo «circularizarnos», pero desde luego, solo intentarlo ya resulta motivador.

¿Qué perfiles va a demandar en un futuro inmediato el sector? ¿Es obligado ofrecer diferentes capacidades?

Por lo que leo y escucho, pues no soy una especialista en prospección, los perfiles profesionales demandados para abordar desafíos tan complejos como tiene nuestra sociedad, y me estoy refiriendo tanto a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para 2030 como a los encargos surgidos de las empresas locales que reclamen servicios, están vinculados en gran parte a las ciencias y las ingenierías, pero también al arte y las humanidades.

Además, en estas semanas tan difíciles que estamos viviendo, hemos redescubierto el valor de los cuidados y la importancia de oficios y servicios esenciales para la vida y en los que apenas habíamos reparado. ¡Y qué hubiera sido de nosotros sin la cultura abierta que hemos disfrutado durante el confinamiento!

Por otro lado, parece claro que nuestra sociedad avanza hacia una progresiva robotización, por lo que justamente hace falta reforzar las cualidades que no tienen las máquinas. La creatividad, la empatía, la flexibilidad requerida para pensar «fuera de la caja», la gestión de equipos de personas, las habilidades para mediar y negociar, de adaptarse a entornos cambiantes y resolver problemas complejos,…

Creo que, de todo esto, sumado a las habilidades técnicas de cada uno, sabemos bastante los diseñadores y diseñadoras del siglo XXI. Las carencias personales se complementarán con las capacidades del resto del equipo. O con nuevos aprendizajes: estudiaremos durante toda nuestra vida.

Un mensaje para la juventud que empieza en esto: ¿qué consejo imprescindible les daría?

Consejo, ninguno, y menos imprescindible. Si acaso, una invitación. A trabajar colaborativamente y asociarse, sea en asociaciones regladas sea en grupos informales. Creo firmemente que en la construcción de lo colectivo están las respuestas a nuestras preguntas, la satisfacción de nuestros anhelos personales y nuestra supervivencia como especie.

La jornada está organizada por la Fundación Incyde y la Unión Europea (Fondo Social Europeo), con la coorganización de la Spegc y la colaboración de la Consejería de Educación y Universidades del Gobierno de Canarias.